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El mejor fruto del Jubileo de la Misericordia

corazon-de-mariaAl acabar el Año Jubilar de la Misericordia podemos ofrecer al Señor un fruto que dé continuidad a los dones que hemos recibido de Dios en este año.  Durante este año hemos comenzado, recomenzado o impulsado nuestra vida de hijos de Dios. ¡Qué alegría! ¡Qué bueno es Dios! Él es nuestro Padre y hace posible que nos levantemos de nuestras miserias y vivamos como auténticos cristianos a semejanza de Jesucristo, María y los santos.  El Espíritu Santo, a través de los Sacramentos y en la vida de la Iglesia, renueva nuestro corazón y el de nuestras familias para ser fuente de esperanza y gozo en medio del mundo.

Sabemos la gran vocación a la que el Señor nos llama y, al mismo tiempo, conocemos nuestra debilidad en el día a día. Por eso, un gran fruto de este Jubileo de la Misericordia es consagrar nuestra vida y familia a los Corazones de Jesús y María. Ellos nos ayudarán a continuar el camino que la Misericordia nos ha abierto.  Un camino con dificultades y obstáculos pero que de la mano de Jesús y María podemos recorrer hasta la casa del Padre.  Si Dios está con nosotros, ¿Quién contra nosotros?

A continuación ofrezco unas fórmulas como ejemplos.  Están pensadas para una familia. Sería preferible que cada persona o familia redacte la suya con las razones que le muevan o los propósitos que desee hacer.

P. Martínez

 

Consagración al Inmaculado Corazón de María (Del matrimonio o de la familia entera)

Inmaculada Virgen María, Tú has vivido junto a Jesús tu vocación al amor: como hija, esposa y madre, conoces de cerca nuestras luchas en el camino de la familia.

Como Hija te abandonaste completamente en Dios Padre, prestándole el homenaje de tu entendimiento y voluntad, y cooperando a su gracia en una disponibilidad perfecta a la acción del Espíritu Santo.

Como Madre, engendraste en tu seno al Hijo de Dios, consagrándote totalmente a ti misma, cual esclava del Señor, a la persona y a la obra de tu Hijo; y nos acogiste a todos nosotros como hijos a través de la Iglesia.

Como Esposa, avanzabasen la peregrinación de la fe bajo la acción del Espíritu Santo ante los insondables designios de Dios.

Como Maestra, Jesús aprendió, en el limpio espejo de tu Corazón, a vivir como Hombre su eterna consagración al Padre en su Amor Redentor.

Nosotros, N.N.,  N.N., N.N.,  ….llenos de alegría y esperanza, venimos hoy a ti, como a nuestra  Madre y Maestra,  para consagrarnos a tu Inmaculado Corazón.

Queremos confiarte, Madre, el Tesoro que el Señor ha puesto en nuestras manos y que llevamos en vasijas de barro.  Te encomendamos hoy nuestra familia para que hagas de ella un hogar para tu Hijo.

Que el Señor pueda entrar en nuestra casa como en la de Lázaro, su amigo, sin llamar a la puerta, sabiéndose siempre esperado y bienvenido.  Que el amigo de Lázaro sea también el nuestro y el de nuestros hijos, y comparta con nosotros las esperanzas y los temores, la alegría y los dolores de la vida.

Te pedimos, Madre, que nos enseñes a vivir como Marta y María entregando al Señor todo nuestro tiempo en la unidad de trabajo y descanso, oración y acción.

Ayúdanos a reconocer en nuestra familia el santuario de la vida y la esperanza de la sociedad.  Haz crecer a nuestros hijos en edad, sabiduría y gracia, para que puedan ser los testigos del tercer milenio.  Que como en Caná, nuestra pobre agua pueda transformarse en vino nuevo capaz der ser reflejo del Amor de Dios para que el mundo pueda conocer a Aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida.

Oh María, revélanos el plan maravilloso de Dios sobre nuestra familia.  Muéstranos tu protección de Madre y ponnos junto a tu Hijo Jesús, nuestro Maestro y Amigo.  Amén.

 

Consagración de la familia al Corazón de Jesús  (Toda la familia)

Jesús, Señor y Salvador nuestro, nos reunimos ante tu imagen para ofrecer a tu Corazón Sagrado nuestra casa y nuestras personas, por mediación de nuestra Madre, la Virgen María, que desde el cielo nos acompaña, nos sonríe y nos ayudará a cumplir el compromiso que ahora contraemos contigo.

Hoy muchos te arrojan de sus puestos de trabajo, de sus viviendas y de sus relaciones familiares.

Nosotros te recibimos contentos y agradecidos en nuestro hogar;  te necesitamos y queremos que vivas con nosotros, participando de nuestras alegrías y de nuestras penas, de nuestra riqueza y de nuestra pobreza, de nuestros triunfos y de nuestros fracasos.

Señor, no somos dignos de que entres en nuestra casa; pero tú, que fuiste a la del Centurión, entraste en la de Zaqueo, y te hospedaste en la de Marta y María, quédate con nosotros para siempre, que procuraremos no hacer nunca algo que te disguste.

Señor Jesús, que nos ofreces tu corazón, como señal y prenda de cuánto nos amas, ilumínanos en nuestras dudas y adviértenos en nuestros peligros;  ayúdanos en nuestras tentaciones y consuélanos en nuestros sufrimientos;  oriéntanos en nuestras resoluciones y, sobre todo, enciende en nuestros corazones un gran amor a Ti y a nuestros prójimos.

Que nuestra vida sea un auténtico testimonio de fe, esperanza y caridad;  que hagamos bien a cuantos nos rodean, viéndote en ellos a Ti, y que al fin de nuestra peregrinación por este valle de lágrimas, todos nos reunamos contigo en el cielo, con la Virgen María, nuestra Madre, los santos de nuestra devoción y las personas queridas que nos han precedido en su camino a la casa del Padre.

Así te lo prometemos, Jesús, ante la imagen de tu Corazón;  así te lo pedimos y así lo esperamos de Ti, que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos.  Amén.

¡Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío!

¡Inmaculado Corazón de María, se la salvación mía!

 


La Consagración al Corazón de Jesús se aconseja, no es imprescindible, hacerla a la vez que un sacerdote entronice en casa una imagen o cuadro del Corazón de Jesús y bendiga  casa.  También esaconsejable que se renueve en familia todos los años en la misma fecha (no es necesario repetir la bendición de la casa).Por otra parte, convieneponer junto a la imagen Agua Bendita (bendecida por un sacerdote) para que puedan usarla todos los miembros de toda la familia.

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?

Cristo-de-Ribalda¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!

¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!

Lope de Vega