Acto de Confianza

San Claudio de la Colombiére, SJ. (1641-1682)

Estoy tan convencido, Dios mío, de que velas sobre todos los que esperan en Ti, y de que no puede faltar cosa alguna a quien de Ti espera todas las cosas, que he determinado vivir en adelante sin ningún cuidado, descargando en Ti todas mis preocupaciones. “En paz me duermo y en seguida descanso, porque Tú, Señor, me has confirmado singularmente en la esperanza” (Sal 4, 9)

Despójenme los hombre de los bienes y de la honra, prívenme las enfermedades de las fuerzas e instrumentos de servirte; pierda yo por mí mismo la gracia pecando; que no por eso perderé la esperanza, antes la conservaré hasta el último suspiro de mi vida, y vanos serán los esfuerzos de todos los demonios del infierno para arrancármela.

Aguarden unos la felicidad de sus riquezas o de sus talentos; descanses otros en la inocencia de su vida, en la aspereza de su penitencia, en la multitud de sus buenas obras o en el fervor de sus oraciones; en cuanto a mí, toda mi confianza se funda en mi misma confianza, en la seguridad con que espero ser ayudado de Ti – “porque Tú, Señor, me has confirmado singularmente en la esperanza”. Confianza como ésta jamás a nadie salió fallida: “nadie esperó en el Señor y quedó confundido” (Sir 2, 11)

Así que, seguro estoy de ser eternamente bienaventurado, porque espero firmemente serlo y porque Tú, Dios mío, eres de quien lo espero todo: “en Ti, Señor, he esperado, no quedaré confundido jamás” (Sal 30,2; 70,1).

Bien conozco que, por mí soy frágil y mudable; sé cuánto pueden las tentaciones contra las virtudes más robustas; he visto caer las estrellas del cielo y las columnas del firmamento; pero nada de eso logra acobardarme.

Mientras espere de veras, estoy a salvo de toda desgracia; y estoy cierto de que esperaré siempre, porque espero también esta esperanza invariable.

En fin, para mí es seguro que nunca será demasiado lo que espere de Ti, y que nunca tendré menos de lo que haya esperado. Por tanto, espero que me sostendrás firme en los riesgos más inminentes y me defenderás de los ataques más furiosos y harás que mi flaqueza triunfe de los más espantosos enemigos.

Espero que me amarás a mi siempre, y que no te amaré a Ti sin intermisión. Y para llegar de un vuelo con la esperanza hasta donde puede llegarse, yo te espero a Ti mismo, de Ti mismo, oh Creador mío, en el tiempo y en la eternidad. Amén.

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