Icono de la Divina Misericordia

Cristo Div Corrección Foto Ionut aEn el convento de Plock, el 22 de febrero de 1931, inició Jesús sus revelaciones sobre la Devoción a la Misericordia Divina. Santa Faustina Kowalska nos lo relata así:

Al anochecer, estando en mi celda, vi al Señor Jesús vestido con un túnica blanca. Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho. De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido. En silencio, atentamente miraba al Señor, mi alma estaba llena del temor, pero también de una gran alegría.

Después de un momento, Jesús me dijo: Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma: Jesús, confío en Ti. Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y [luego] en el mundo entero. Prometo que el alma que venere esta imagen no perecerá. También prometo, ya aquí en la tierra, la victoria sobre los enemigos y, sobre todo, a la hora de la muerte. Yo mismo la defenderé como Mi gloria” (I, 18)

En otra ocasión el Señor dijo que también entraba dentro de esta Devoción la imagen de Jesús crucificado, con dos rayos que brotan de su costado y la invocación: “Jesús, confío en Ti”. Así nos mostraba cómo la fuente de la Misericordia es el valor redentor de la muerte de Cristo en la Cruz.

El Cuadro de la Misericordia nos recuerda la confianza total que debemos tener en Cristo y el amor misericordioso que debemos tener nosotros con el prójimo. Es decir, Cristo no sólo perdona nuestros pecados sino que es capaz de hacernos santos, partícipes de su misma Vida: ¡porque es eterna su Misericordia!

Por tanto, la promesa del Señor no está condicionada a una pintura concreta, no es el cuadro el que da las gracias como si fuera un “talismán mágico”; es Cristo mismo quien las da a través de él haciendo a sus devotos capaces de recibir las gracias que desbordan su Corazón.

Cristo siempre está deseando darnos sus dones y gracias; pero nosotros, con frecuencia, no nos damos cuenta de ello o somos indiferentes ante su bondad. Por eso, tantas veces, no llegan a nosotros los dones de Dios. No por falta del Amor de Dios; sino porque nosotros no estamos en disposición de recibirlos.

El Cuadro de la Misericordia nos hace presente el Amor de Dios; nos recuerda que Él está con nosotros siempre; que nos ama siempre; que desea perdonarnos siempre; que nos quiere ayudar con su Gracia siempre. Basta que nosotros le miremos y, confiando en Él, le abramos nuestras vidas para que Él las transforme.

El Cuadro de la Misericordia no es una mera foto que me recuerda un ser querido que esté lejano o que haya fallecido. No. El Cuadro de la Misericordia me recuerda que Cristo está junto a mí; ahora, en este lugar, en estas circunstancias; y está junto a mí porque me ama, me comprende, desea perdonarme y cambiar mi vida para tenga Su Vida y la tenga en abundancia.

Una de las ideas que definen los iconos bizantinos es que hacen presente la imagen que representan. Por eso hemos pedido al Hno. IoanPatriciu Gotia, dcjm que realizara un icono de la Misericordia.   Este icono asume los elementos pedidos por Jesús a Santa Faustina y que tienen otras imágenes de la Misericordia (el Señor vestido con una túnica blanca; una mano levantada, como para bendecir, la otra descansaba sobre el pecho; de la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido; la firma: “Jesús, confío en ti”) poniéndolos en relación con el misterio de la Pascua según señaló el Señor (crucifixión, muerte y resurrección del Señor).

En el icono, vemos que Cristo Resucitado sigue llevando las llagas de su Pasión en la cruz (el signo de los clavos y del costado abierto por la lanza), pero ahora de sus llagas resplandece la luz dorada de su victoria sobre la tiniebla del pecado. Son el sello del amor entregado hasta el final según lo testimonia también el rojo de la cruz marcada dentro de la aureola dorada del Señor. La mano izquierda del Señor descansa sobre su pecho y a la vez indica hacia el Corazón abierto, para introducirnos en el misterio de su amor por el Padre y por los hombres.

El rostro luminoso del Señor acoge con su mirada a todos los hombres necesitados de su misericordia, llamando a cada uno a unirse a su Pasión para la redención de los hombres.

Los rayos simbolizan el agua y la sangre que brotaron de su costado. Son signos del don del Espíritu Santo; del Bautismo y la Eucaristía; de la fuente de la Misericordia de Dios que sigue llegando hasta nosotros en la Iglesia.

Agradecemos profundamente al Hno. IoanPatriciu Gotia que aceptara nuestra petición y que la haya realizado con un profundo sentido fe. Pedimos a María, Madre de la Misericordia, que este icono de la Misericordia Divina ayude a los alejados a acercarse a Cristo, a los tibios a enfervorizarse y a todos los cristianos a vivir la plenitud de la Vida en Cristo. ¡Porque es eterna su Misericordia!

Apostolado de la Misericordia Divina

(Algunas de las ideas aquí expresadas están tomadas del Rev. Dr. Ignacio Rózycki, Ponencia “El creyente ante la Misericordia Divina”, Cracovia, 19-20 febrero 1981.)

One Response to “Icono de la Divina Misericordia

  1. La paz esté con vosotros.

    Vosotros ¿poseen este icono impreso? Quisiera ponerlo en la parroquia.

    Desde ya, grato por vuestra atención.

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