La Misericordia del Corazón de Jesús

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Terminada la Primera Guerra Mundial, la situación mundial estaba peor que antes. La muerte de unos 15 millones de personas en esta Guerra, no sólo no había servido para nada, sino que el escenario estaba aún más desordenado y enconado por odios y revanchas.
La humanidad, y no sólo los cristianos, miraba a la única Autoridad que se podía considerar neutral y con criterios sólidos: el Papa Pío XI, que había comenzado su Papado en 1922, poco después de terminar la Guerra y captaba muy bien la situación.
A comienzos de 1928 se anunció que iba a publicar una Encíclica y se suscitaron las esperanzas.
Pero, cuando el 8 de mayo publicó la “Miserentissimus Redemptor”, hubo una decepción general: “¡El mundo está que arde y el Papa escribe una Encíclica sobre la reparación al Corazón de Jesús! ¿Está en la luna? Esperábamos un documento social, filosófico, con repercusiones políticas y económicas, y sale con la devoción al Corazón de Jesús….!”
Sin embargo, el Papa había dado en el clavo. Había ido al núcleo del problema. Si el mundo andaba mal no se debía tanto a problemas “socio-económico-políticos”, sino a causas espirituales.
En el Pontificado de su predecesor, Benedicto XV, en una aldea portuguesa, Fátima, la Virgen había indicado en 1917 que la Guerra había tenido su causa en los pecados de la humanidad y que, si ésta no se convertía y hacía penitencia y oración, en el Pontificado de su sucesor, habría otra peor. Y así fue.
Concretamente, en la tercera aparición, el 13 de julio, Nuestra Señora les dijo a los tres niños: “Hay que rezar el rosario para que se termine la guerra (…) Pero si no se reza y no se deja de pecar tanto, vendrá otra guerra peor que las anteriores, y el castigo del mundo por sus pecados será la guerra, la escasez de alimentos y la persecución a la Santa Iglesia y al Santo Padre.”
No es nada nuevo: A lo largo de toda la Historia de la Salvación vemos cómo Dios castiga los pecados de su pueblo de muchas maneras, una de las cuales es la guerra.
Así lo indicó también el Concilio Vaticano II: “En la medida en que el hombre es pecador amenaza el peligro de guerra” (GS 78) y lo repitió Juan Pablo II: “«En la medida en que los hombres son pecadores, les amenaza, y les amenazará hasta la Venida de Cristo, el peligro de la guerra»” (19-11-2000).
Por lo tanto, el Papa Pío XI había acertado en la diana: si los pecados provocaban las guerras, había que evitarlos y pedir perdón a Dios por ellos.
No se le hizo caso.
Pocos años después estallaba la Segunda Guerra Mundial, con más de 65 millones de muertos.

Para intuir el futuro que nos espera, tenemos que hacernos esta pregunta: ¿Se convirtió el mundo después? Parece que no…
En 1972 me dijeron en la Sda. Congregación para la Doctrina de la Fe que les llegaban datos de todo el mundo de que había muchas apariciones de la Virgen anunciando exactamente lo mismo que en Fátima, aunque con más urgencia: o la humanidad se convertía, o vendría algo peor que la Segunda Guerra Mundial.
Ciertamente, la situación mundial es hoy alarmante bajo muchos aspectos.
Y, como antaño Pío XI, el 13 de marzo de este año de 2015, el Papa Francisco convoca un Jubileo extraordinario centrado en la Misericordia de Dios. Un Año Santo de la Misericordia.

También ha puesto el dedo en la llaga o la flecha en la diana.
La palabra que más necesita el hombre de hoy no es “economía” o “política”, sino “Misericordia”. “Nunca como en este tiempo ha tenido el hombre tanta necesidad de misericordia, indispensable para el progreso humano, civil y social” (Juan Pablo II: 22-11-81). Un “mundo en pedazos” necesita un mensaje de misericordia y amor.
Hemos construido un mundo fascinante, perfecto técnicamente, pero frío, inhumano, despersonalizado. Se considera al hombre como un número: DNI, NIF….

La Misericordia, bien entendida, nos abre los nuevos horizontes de una Espiritualidad.
En primer lugar, una “nueva” relación con Dios. Necesitamos conocer a Dios como Perdón, Amor y Ternura para convertirnos, no desanimarnos, ni atascarnos. Para salir de la soledad, el vacío, la rutina, la amargura, la mediocridad… Para basar nuestra vida espiritual en un fundamento capaz de entusiasmar.
“¿Qué sería del hombre si no hubiera en el cielo un Padre que le acompaña y le ama con la generosidad de su Providencia, y le perdona con la generosidad de su Misericordia?”. (Juan Pablo II: 22-11-81).
Necesitamos que Dios nos dé su Paz: «El género humano no encontrará la paz mientras no se vuelva hacia la Fuente de mi Misericordia» (Jesús a santa Faustina Kowalska).
En segundo lugar, abre una “nueva” relación con el prójimo. No de odio, rivalidad, envidias, egoísmos, frialdad, aislamiento, recelos, sino de perdón, comprensión, amor, sensibilidad, cariño. La Misericordia es la única que puede establecer la “Civilización del Amor”.
En tercer lugar, establece una “nueva” relación con nosotros mismos, de comprensión, perdón, reconciliación,… aceptando nuestro pasado, aceptándonos como somos y aspirando a lo que debemos ser.

Jesús ha venido a revelarnos el Rostro misericordioso de Dios. Pero son muy pocos los que le ven, los que descubren la Misericordia de Dios. Por eso el Papa nos vuelve a dirigir hacia la Misericordia de Dios, que tiene que realizar un cambio en nosotros, haciendo que nuestros corazones sean misericordiosos, llenos de amor, de ilusión, de confianza en Quien dijo “Mi Paz os doy”.
El día en que la Misericordia llene toda la tierra, podremos decir felices: «Padre, ya ha llegado a nosotros tu Reino».

P. Ángel Rojas, S.J.

2 responses to “La Misericordia del Corazón de Jesús

  1. Este artículo me ha parecido muy bonito, pues llega al corazón y te hace tener deseos de buscar más a Dios. Todo ser humano debería saber de la gran misericordia de Dios, porque sólo así se puede ser realmente feliz. Necesitamos su amor y su misericordia desesperadamente. Gracias por escribir este artículo y gracias por esta web. Que el Señor les bendiga

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